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miércoles, 19 de agosto de 2009

Cómo se forman los trombos en la sangre


Al estudiar la fibrina, la proteína que es reponsable de la formación de trombos en la sangre, tanto al nivel macroscópico como fibra por fibra, los investigadores han descubierto los rasgos moleculares necesarios para su fortaleza y su plasticidad, así como las características que la hacen permeable. Han creado un nuevo modelo de la proteína que puede llevar a avances en ingeniería de tejidos, o a un sellador de fibrina más resistente para operaciones quirúrgicas.

Nuevos estudios sobre la fibrina confirman sus muchas cualidades, 'buenas' y 'malas'

En la sangre humana, la fibrina forma una red de fibras en forma de ramas que tienen la capacidad de responder a los daños, de forma que se pare el sangrado y se reparen las heridas, pero también puede formar un andamiaje sobre el cual pueden desarrollarse trombos perjudiciales, que llevan a enfermedades cardiovasculares. Así que los coágulos de fibrina deben de ser rígidos pero también poderse romper fácilmente, ser plásticos y permeables al mismo tiempo, de forma que se pueda coagular la sangre pero también se minimice la posibilidad de trombos.

André Brown y sus compañeros de la Universidad de Pensilvania (EE UU) han investigado cómo se comportan estos coágulos de fibrina a seis distintas escalas de resolución y sus observaciones dan información sobre cómo funciona esta proteína única. Cuando se estiran los coágulos de fibrina ligeramente, sus fibran se alinean y se agrupan en mazos. Cuando la tensión es mayor las proteínas llegan a desplegarse. El comportamiento de la fibrina es mucho más complejo que el de otras proteínas que forman matrices, como el colágeno, explican los investigadores en la revista Science.

Fuente: El País.

Informe Tierra - El estado del Planeta (2).


Segunda entrega del informe sobre los efectos de la especie humana en la tierra.

lunes, 17 de agosto de 2009

Los incendios de Canarias, desde el espacio


Esta imagen de Envisat muestra una larga columna de humo procedente de los incendios forestales declarados en la isla canaria de La Palma (arriba a la izquierda) la semana pasada.

Los incendios, iniciados el pasado 31 de Julio, devastaron 3000 hectáreas y afectaron a unos 50 hogares. 4000 personas tuvieron que ser desalojadas. Participaron en las tareas de extinción 600 bomberos procedentes de toda España. Hicieron falta cuatro días en controlar los incendios.
Las Islas Canarias se encuentran a 95 Km al noroeste de la costa africana, en el Océnao Atlántico. Las islas mayores (de izquierda a derecha en la imagen) son La Palma, El Hierro, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote.

Tenerife es la mayor, mientras que Gran Canaria es la más poblada. En 1983 La Palma –toda la isla- fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO.

El Observatorio del Roque de Los Muchachos, que alberga numerosos telescopios, está en La Palma. El observatorio está situado a 2400 metros de altura y está considerado el segundo mejor del Hemisferio Norte, después del observatorio de Mauna Kea, en Hawaii, debido a sus cielos inusualmente claros.

Uno de los telescopios más potentes, el Gran Telescopio de Canarias, fue inaugurado el mes pasado. Con su espejo primario de 10.4 metros de diámetro formado por 36 piezas hexagonales, el Gran Telescopio de Canarias está preparado para observar el nacimiento de nuevas estrellas; estudiar las características de los agujeros negros; y analizar los componentes químicos generados por las estrellas tras el Big Bang.

Esta imagen ha sido obtenida con el instrumento MERIS (Medium Resolution Imaging Spectrometer) del satélite Envisat, el pasado 1 de Agosto.

Fuente: ESA (Agencia Espacial Europea).

Planeta Azul - Mares helados (y 5).


Quinta y última entrega del documental de la BBC sobre los mares helados del polo norte y del polo sur.

'Nature' sigue siendo la número uno, pero por poco

Nature mantiene su posición de número uno entre las revistas científicas semanales, pero Cell le sigue muy de cerca. Tiene un factor de impacto de 31.434, casi igual que Cell (31.253), en segundo lugar, y con Science (factor de impacto 28.103) en tercer lugar, según el informe Journal Citation Report de 2008.
El factor de impacto mide la frecuencia con que es citado un artículo cualquiera de una revista en otros artículos publicados, en un año. Ayuda a evaluar la importancia relativa de cada publicación.

Para completar las buenas noticias para la centenaria Nature (publicación de origen británico y ahora parte del gigante alemán de medios de comunicación Georg von Holtzbrinck) otro índice de impacto, el Eigenfactor, también la sitúa en primer lugar entre las 6.598 revistas incluidas en el informe y, además, ha sido elegida la revista más influyente de los últimos 100 años por la Asociación de Bibliotecas Especializadas (SLA).

Fuente: El País.

domingo, 16 de agosto de 2009

Mimética: el arte del engaño.


Por Natalie Angier

A veces sobrevivir significa mentir, robar o desaparecer al instante.

Cuando Macbeth escuchó que no tenía nada que temer hasta que el bosque empezara a moverse hacia su castillo, el tirano suspiró aliviado, pues “¿quién puede dar órdenes al bosque, pedirles a los árboles que arranquen sus raíces y se muevan?”.

Es obvio que Macbeth nunca había visitado la Isla Barro Colorado en Panamá.

Son las nueve de la noche y está tan oscuro como boca de lobo, pero en el haz de luz de mi lámpara se distinguen partes de árboles que parecen arrancarse y vagar a placer. Una ramita de 10 centímetros zumba y choca contra una rama cercana. Una hoja verde se mueve entre una pila de hojas cafés, pero no encuentra nada de interés y se arrastra hacia otra pila.

Me acerco para echar un mejor vistazo a los caminantes, sabiendo lo que son y, sin embargo, sorprendida por el grado de detalle, por la seriedad casi cómica del engaño que encarnan. La “ramita” es un insecto-palo, magnífico espécimen del orden Phasmatodea. Su cubierta exterior es una imitación muy convincente de una corteza rayada, y su cuerpo tubular y cabeza tienen brotes falsos y cicatrices de hojas: los pequeños bultos y huecos que hacen que una rama se vea “ramosa”.

Durante el día estos insectos se mueven muy poco y es casi imposible distinguirlos del fondo arbolado que imitan, lo cual es precisamente el objetivo: permanecer invisibles a los depredadores que usan su visión aguda para cazar. Pero, cuando llega la noche, los saltamontes que semejan palos y hojas se sacuden su estado vegetativo para alimentarse –hojas y detritos del bosque–, permitiéndonos admirar sus disfraces milenarios gracias a nuestras modernas luces artificiales.

El mimetismo nos atrae y nos perturba al mismo tiempo. En la infancia jugamos a disfrazarnos y a imaginar que somos esto o aquello, y logramos comprender a otras personas al pretender ser ellas. Nuestras farsas más elaboradas –como Halloween o el Día de Muertos– con frecuencia se mezclan con nuestros temores más profundos. ¿Qué asesino de Hollywood que se respete puede ser visto sin su máscara, al estilo del famoso cuadro de Munch, o sin la peluca de su madre?

El mimetismo en la naturaleza puede encantarnos o bien repugnarnos pero, sin importar nuestro juicio humano, una cosa es cierta: estafar funciona, y en el mundo natural hay muchos que son como el cirquero P.T. Barnum, que abarcan todo el reino animal y engañan todos los sentidos. Los biólogos apenas han empezado a contar las legiones de farsantes o a descubrir los detalles evolutivos y genéticos del disfraz de cada impostor. A veces el truco sirve como camuflaje, y así el insecto evita ser detectado por depredadores o le permite cazar, y en muchos casos ambos: en Panamá encontré un mántido que se veía como un puñado de ramitas de achicoria, disfraz perfecto para un sigiloso cazador de insectos comehojas que a su vez es codiciado por reptiles y pájaros insectívoros. Otras veces, el timador quiere que su mercancía sea llamativa y ese es su principal objetivo. Un pez sapo menea la cabeza hasta que su protuberancia carnosa se mueve como gusano y atrae a otros peces. Las orquídeas malolientes echan retoños que son flores purpúreas y fétidas que se ven y huelen como carne muerta, y así atraen moscas carroñeras, que aterrizan en la flor, se empapan de polen y, con suerte, ayudan a la orquídea a reproducirse.

La forma sensorial que toma un acto de mimetismo varía dependiendo de las aptitudes sensoriales del público objetivo del imitador. Como primates visuales, los mimetismos que más reconocemos los humanos son los que están adaptados para engañar al ojo, como las ranas de río que se agachan en el cauce y se ven tan pulidas, redondas e inorgánicas como las piedras a su alrededor. Pero también existe el mimetismo vocal, como es el caso de una deliciosa especie de polilla tigre que ahuyenta a los murciélagos emulando los chasquidos ultrasónicos que produce un tipo de polilla tóxica que detestan.

Luego está el mimetismo del olfato, como en el caso de la araña bolera. Esta “perfumista loca” atrae polillas macho secretando una copia perfecta de los aromas de las hembras. Hay hasta mimetismo táctil, que incluye un hongo parásito que vive en las cámaras internas de los montículos de termitas, donde puede permanecer cálidamente, húmedo y sin competencia. Las termitas son amas de casa muy meticulosas. ¿Cómo es que este hongo provoca su aceptación en lugar de su expulsión? Adopta la forma y textura de huevos maduros de termita.

Tres sapos hoja, recolectados en un radio de pocos metros, casi desaparecen en el suelo del bosque en Panamá. Sobrevivir en el trópico, donde casi todo es alimento de algo más, requiere artimañas para engañar a los depredadores. Foto de Christian Ziegler.

Las fábulas del mimetismo pueden sonar como historias de O. Henry: extraños dilemas que se resuelven elegantemente. Por ejemplo, las orugas comen de forma voraz. Devoran muchas hojas a lo largo de su vida. A los pájaros les gustan las orugas gordas y, mientras vuelan, buscan señales que indiquen actividad de orugas, por ejemplo hojas dañadas. Para frustrar la búsqueda aérea, una especie de oruga ha adoptado un estilo muy original para comer. En lugar de despedazar las hojas al azar, la oruga de la familia Geometridae corta las hojas cuidadosamente y con mucha destreza, como costurera con sus tijeras, aquí y allá, zig y zag. Para cuando la oruga ha terminado, las hojas podrán ser mucho más pequeñas, pero sus bordes mantienen su forma natural.

A veces, la mejor estrategia es tener una apariencia macabra. En un reporte reciente publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos, Leslie Saul-Gershenz y Jocelyn Millar describen el caso del abominable escarabajo carraleja y la heroica abeja solitaria. Este escarabajo vive en los desiertos del suroeste de Estados Unidos. Las hembras ponen sus huevos sobre manchas de hierba en las que abejas solitarias buscan alimento. Las aproximadamente 1 000 larvas salen del huevo simultáneamente y de inmediato se juntan apretándose entre sí. Forman un óvalo oscuro y peludo. Viajan por las briznas de hierba hacia arriba y hacia abajo, como unidad inseparable. Se ven y actúan justo como una abeja solitaria hembra. Poco después, secretan una feromona que las hace oler como la abeja hembra. Una abeja macho aterriza en lo que cree es una posible pareja, y las larvas se cuelgan de su cuerpo. Decepcionado del encuentro, y al parecer sin reparar en su cargamento, vuela en busca de un nuevo amor. Si encontrara una abeja hembra auténtica, las larvas de escarabajo al instante se desprenderían de él para aferrarse a ella. La hembra las llevaría justo adonde quieren ir: su nido lleno de provisiones. Las larvas se asentarían y madurarían atiborrándose de néctar, polen y, lo mejor de todo, los huevos de la abeja.

Pero incluso las imitaciones más astutas de la naturaleza carecen de diseño inteligente. El mimetismo ejemplifica la evolución por selección natural: la lucha incesante en la que los padres engendran crías que se perderán casi todas por efecto del azar o las duras leyes de la naturaleza que eliminan a los más débiles. Si tu ligero parecido con el estiércol de pájaro te da una ventaja suficiente para que sobrevivas y te reproduzcas, tu prole podrá heredar tu funda de guano. Quizá alguno hasta te supere como impostor de excremento y, tras unos cuantos centenares de generaciones, la característica quede esparcida en toda la población y sea el ideal de tu especie.

El mimetismo también muestra lo desordenada e improvisada que puede ser la evolución. Por ejemplo, Ximena Nelson y Robert Jackson reportan en Proceedings of the Royal Society acerca del dilema del macho Myrmarachne, una araña saltadora. Como algunas de las arañas saltadoras del mundo, han evolucionado hasta verse como hormigas, estrategia que aprovecha la antipatía de muchos depredadores hacia estos insectos sociales agresivos, armados y ecológicamente dominantes. Pero las arañas macho tienen un problema con la estrategia básica, ya que los rituales de apareamiento requieren partes bucales alargadas que pueden arruinar el efecto hormiga. La evolución ha hecho un arreglo: mientras las arañas hembra se ven como hormigas ordinarias, los machos parecen cargar algo en sus colmillos, como hacen a veces las hormigas obreras. ¿Ingenioso? Sí, pero no perfecto. Resulta que aunque los machos son igual de efectivos que las hembras para repeler a los cazadores hormigofóbicos, caen víctimas de depredadores cuyos blancos son hormigas con menos posibilidades de defenderse: las que están ocupadas cargando algo.

A los científicos les intriga particularmente el mimetismo imperfecto, en el cual un organismo a duras penas se parece a otro. En algunos casos, este estado primitivo indicaría un linaje que empieza el viaje del mimetismo, donde la evolución apenas ha comenzado a perfeccionar el engaño. En otros casos, la pobreza del mecanismo se debe a que la especie imitada se ha hecho distinta de sus imitadores. Si eres tóxico y portas colores llamativos para advertir a los depredadores, y luego tu coloración la copian demasiados aprovechados que sí son comestibles, tu marca perderá valor y será menos eficaz.

El mimetismo también puede ser útil para competir, seducir, aprender o hacer amigos. Entre las aves canoras y las ballenas jorobadas, los machos parecen copiarse sus cantos cuando compiten. Algunos delfines duplican los saltos de otros. Los pericos son maestros del remedo y los monos, grandes imitadores, por eso los orangutanes pueden aprender a cocinar panqués, los chimpancés a cazar con herramientas y nosotros a compararnos con un día de verano y a reflejar la alegría de los demás con una sonrisa.

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Natalie Angier es una escritora ganadora del Premio Pulitzer.

Fuente: National Geographic.

Hallan el primer fármaco eficaz contra las células que dirigen el cancer.

Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts y el Instituto Broad en Boston (Estados Unidos) han descubierto el primer componente que se dirige de forma selectiva a las células madre de los tumores, aquellas que dirigen su desarrollo y resisten los tratamientos de quimioterapia y radiación y pueden dar lugar a la recaída. Las conclusiones del trabajo se publican esta semana en la revista Cell.
Los científicos desarrollaron un método de análisis de alto rendimiento que ha hecho posible por primera vez realizar una búsqueda sistemática de agentes que eliminen las células madre del cáncer. Esta capacidad ha sido hasta el momento un problema para los investigadores debido a la rareza de estas células dentro de las poblaciones celulares del tumor y su relativa inestabilidad en los cultivos de laboratorio.

En su trabajo, los investigadores manipularon células del cáncer de mama para descubrir aquellas con propiedades de células madre, incluida la resistencia a los fármacos estándar para el cáncer. Examinaron una base de datos de 16.000 componentes químicos y naturales de los que se seleccionaron 32 candidatos. Después, los autores redujeron esta lista a los componentes que podían conseguirse en cantidades suficientes para realizar pruebas sobre las células madre del cáncer normales. El principal agente que seleccionaron fue uno denominado salinomicina.

Reducido cien veces

La salinomicina redujo la proporción de células madre de cáncer de mama en más de 100 veces en comparación con el fármaco más utilizado para la quimioterapia con paclitaxelo. Las células tratadas con salinomicina en comparación con las que recibieron la quimioterapia fueron menos capaces de producir tumores cuando fueron inyectadas en ratones.

Además, el tratamiento con salinomicina también ralentizó el crecimiento de los tumores en los ratones. Por último, los estudios con el componente en los tumores de mama humanos también mostró una pérdida en la actividad de genes asociados con las células madre del cáncer. Los investigadores desconocen cómo funciona la salimicina en su lucha contra las células madre del cáncer y aunque el componente posee propiedades químicas de antibiótico no piensan que esto tenga que ver con su efecto.

Según los autores, el descubrimiento podría abrir una nueva vía para el desarrollo de terapias frente al cáncer ya que hasta la fecha éstas se han diseñado para dirigirse a alteraciones genéticas específicas presentes en los tumores y no a agentes que busquen estados específicos de diferenciación de las células cancerígenas, como en este caso.

Fuente: ABC.

Explosiones controladas

Seguro que todos han oído hablar de las supernovas, y puede que incluso de las hipernovas, pero, ¿conocen a su pariente más modesto, las novas? Se trata de un fenómeno explosivo muy poderoso que, aunque no puede competir en intensidad con las versiones "súper" e "híper", presenta características sorprendentes e incluso ventajosas con respecto a éstas.

El nombre "nova" procede de un pequeño libro titulado De stella nova (1573), escrito por el astrónomo danés Tycho Brahe a partir de su descubrimiento de la supernova SN 1572. Aunque se trataba de una supernova y no de una nova, los términos fueron intercambiables durante siglos y hasta los años treinta del siglo pasado no se establecieron las diferencias entre ambos fenómenos: supernova es el nombre que recibe la última fase en la evolución de las estrellas muy masivas (diez veces mayores que el Sol) cuando, una vez agotado su combustible, se derrumban sobre sí mismas y producen una explosión que puede superar la luminosidad de la galaxia que las alberga.

Enanas blancas

Existe, no obstante, otro tipo de supernovas que se crea a partir de la explosión de una enana blanca en un sistema de dos estrellas. Estas últimas sí que muestran similitud con las novas, que también se producen en un sistema binario en el que una de las componentes es una enana blanca, y el proceso es el siguiente: las enanas blancas son los restos de una estrella como el Sol que, incapaz de generar energía, ha expulsado su atmósfera y conserva un núcleo muy compacto. En condiciones normales se enfriará y perderá de vista, pero si tiene una compañera cercana puede atraer el gas de su atmósfera, que se va acumulando en un disco. Cuando el material robado alcanza determinado volumen (más o menos una cienmilésima parte de la masa de nuestro Sol), la presión en la base del disco se eleva tanto que se desata una explosión nuclear que expulsa las capas externas y produce un aumento de brillo tan intenso que algunas hasta pueden verse a simple vista. Tras unos pocos días el brillo comienza a descender y en unos meses vuelve a su nivel antes de la explosión. Entonces, la enana blanca, de nuevo hambrienta, retoma su dieta anterior (siempre que su compañera pueda proveerle materia) y vuelve a formar un disco.

Novas recurrentes

Se cree que, visto el proceso, todas las novas experimentarán a lo largo de su vida varias explosiones, quizá con intervalos de varios miles de años. Sin embargo, existe un reducido grupo -tan reducido que sus integrantes pueden contarse con los dedos de las manos-, las denominadas novas recurrentes, que sufren explosiones mucho más a menudo. En 2006, astrónomos aficionados informaron de que una estrella débil, RS Ophiuchi (RS Oph), se había vuelto visible en el cielo sin la ayuda de telescopios. RS Oph es una vieja conocida que, a lo largo de poco más de un siglo de observaciones, ha experimentado varias explosiones con una frecuencia bastante irregular: 1898, 1933, 1958, 1967, 1985 y 2006. Se trata de un sistema estelar binario formado por una enana blanca y una gigante roja que giran muy próximas una alrededor de la otra. Tiene, además, otra particularidad: la gigante roja está perdiendo gran cantidad de materia en forma de viento estelar que envuelve todo el sistema. Como resultado, la explosión de la enana blanca se produce dentro de esta atmósfera de la gigante roja, y el gas expulsado choca contra ella a gran velocidad (se han calculado temperaturas de unos cien millones de grados -diez veces mayores que las del núcleo del Sol- para un fenómeno semejante).

Expulsión de materia

Otra curiosa integrante del exclusivo grupo de novas, T Pyxidis, tuvo su último momento de gloria en 1997. Con una frecuencia de estallidos bastante regular (más o menos cada veinte años), ha desmentido lo que las novas parecían tener en común: la expulsión de materia en forma de "cascarón". Aunque los telescopios terrestres mostraban una burbuja de gas alrededor de la estrella como producto de su última explosión, el Telescopio Espacial Hubble la examinó más detenidamente y vio que en realidad se trataba de un conjunto de más de dos mil burbujas gaseosas, algunas del tamaño de nuestro Sistema Solar, que podrían deberse a las colisiones entre el material recién expulsado (que se mueve muy rápido) y los restos fósiles (más lentos) de explosiones anteriores. Además, T Pyxidis mostraba un par de chorros de material que emanaban de las regiones centrales del disco alrededor de la enana blanca, algo tan inesperado como inusual.

Los datos de que disponemos de las pocas novas recurrentes conocidas apenas permiten generalizaciones, pero parece que sobresalen ciertas características: la enana blanca debe estar cerca del límite máximo de masa para estos objetos (situado en 1,4 masas solares) y tiene que ser capaz de robar materia a su compañera a buen ritmo. Así, aunque los estallidos no puedan competir en violencia con los de las supernovas o hipernovas, las novas guardan cierta ventaja: al contrario de sus parientes, no se destruyen con la explosión, lo que les permite volver a sorprendernos cada cierto tiempo.

Silbia López de Lacalle pertenece al Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Fuente: El País.

Los tomates ya no saben a nada

Los tomates que comemos la mayoría del año saben a lo mismo que huelen las nubes. O esa lechuga, envuelta en plástico para no desmerecer lo que va dentro. En los países más avanzados se come a la carta todo el año, incluso hay quien presume de llevar una dieta saludable porque la basa en verduras, frutas, legumbres. Pero, con la pérdida del sabor, ¿no se habrán ido también los nutrientes?

Muchos estudios han entrado a esclarecer esta cuestión, el último reseñable publicado hace unos días en el Reino Unido, por la Agencia de Seguridad Alimentaria (FSA, en sus siglas inglesas), cuya primera conclusión ha levantado polvareda en el sector de la agricultura ecológica: sostiene que no hay diferencias significativas entre los alimentos orgánicos (ecológicos) y los de la agricultura convencional. Estos últimos son los que se ven en cualquier mercado urbano, procedentes de explotaciones agrícolas intensivas, con su calendario fitosanitario en orden. Un modelo productivo y comercial que permite comer tomates todo el año, por ejemplo.

Incluso los ecologistas pueden admitir que dos naranjas, una convencional y otra ecológica podrían tener similares nutrientes, pero se quejan de estos estudios porque, dicen, soslayan el debate principal para la salud: los residuos químicos presentes en los alimentos que han sido tratados con fitosanitarios; y otras dos cuestiones clave para el medio ambiente: el uso abusivo que esquilma los suelos fértiles y los transportes a grandes distancias.

María Dolores Raigón es catedrática de Edafología y Química Agrícola en la Universidad Politécnica de Valencia. Sus estudios comenzaron hace años analizando los suelos de la huerta valenciana. "Observamos que habían perdido muchos nutrientes y pensamos que, por lógica, las frutas y verduras podrían estar sufriéndolo también". Tras algunas investigaciones científicas, afirma que hay diferencias entre unos productos y otros, "en el potasio, el hierro, el calcio, las vitaminas".

Pero las mayores diferencias, asegura, se encuentran en las sustancias antioxidantes, "sobre todo en los polifenoles". No se trata de nutrientes, pero estos elementos "son más que recomendables para la salud". La planta genera polifenoles como un mecanismo de defensa, cuando se ve sometida a cierto estrés, falta de agua en algún momento, por ejemplo, "o un simple insecto que merodee por allí". Pero si esa misma planta se cría como flor de invernadero, con todos los cuidados, no desarrolla defensas y, por tanto, ni hablar de polifenoles, que son los que contribuyen a "retrasar el proceso de oxidación y prevenir enfermedades".

¿Están de acuerdo con eso en Monsanto, una gran multinacional puntera en biotecnología agrícola? "Cualquier estrés en la planta influye en los niveles de producción y en su desarrollo y necesitamos producir alimentos para una población creciente", afirma el director de Biotecnología para España y Portugal de esta empresa, Carlos Vicente. Y no entra en los polifenoles. Hay hambre, viene a decir, y eso es prioritario.

Entre paliar el hambre y comer insípidos pepinos en noviembre debe haber un punto intermedio. ¿Es necesario que las hortalizas no sepan a nada?

Hace 10.000 años, cuando el hombre abandonó su nomadismo recolector y pasó a vivir de la agricultura, dio inicio la domesticación de las plantas. Su selección, a ojo de buen cubero, apartando los mejores higos, las calabazas más gordas y las espigas más vistosas, ha supuesto una enorme manipulación genética natural que ha conseguido, por ejemplo, que ciertas hortalizas se desprendan de su lado más amargo o incluso venenoso. Hasta hoy. Pero en todos esos siglos, las frutas no perdieron su sabor. ¿Qué ha pasado en las últimas décadas?

En la respuesta a este interrogante coinciden todos. Un enorme cambio social ha propiciado este descalabro del buen gusto. La población que antes fue rural crece ahora en las ciudades y ya no hay huertas en los pueblos ni gente que se dedique a ellas. Las explotaciones son intensivas, destinadas a una producción de alta eficacia que satisfaga cientos de bocas que quieren comer a la carta. Eso, en los países desarrollados. "La gente tiene derecho a elegir. La intensificación nos ha permitido tener lo que necesitamos", dice Carlos Vicente, de Monsanto.

Sin embargo, los ecologistas, aun compartiendo el diagnóstico social, abogan por cambiar los hábitos de consumo y ponen la mirada en una producción más local y de temporada con la que, dicen, se ganará en sabor y en salud. "Los nutrientes básicos sufren con el tiempo. Antes llegaban los productos de la huerta al mercado más cercano en poco tiempo, con una maduración completa, para ser consumidos de inmediato", dice Jorge Hernández, asesor de Alimentación en el Departamento de Consumo del Gobierno de Aragón y presidente del Centro de Estudios Rurales y Agricultura Internacional (Cerai).

"La recolección prematura, para que el fruto llegue presentable a los mercados después de un largo transporte interrumpe el ciclo de la planta; lo que no haya sintetizado en el suelo ya no lo hará", explica María Dolores Raigón. A eso hay que añadir las cámaras frigoríficas para prolongar la comercialización. "Las vitaminas no se sintetizan en las cámaras", asegura la científica. Junto a esa recolección prematura, Raigón cita otros dos factores que, a su juicio, influyen en la pérdida de nutrientes: la sustitución de variedades locales por otras y la pérdida del suelo, por agotamiento o porque las huertas han sucumbido ante hileras de adosados. "Y esas huertas en terreno llano, en el mismo sitio en que se ubicaban las poblaciones, eran las más fértiles, porque allí quedaba depositado lo mejor de las erosiones", añade Raigón. "Si un suelo carece de un mineral, por más fertilizante que se le añada, el equilibrio está roto, nunca será el mismo para la planta. Y no hay alimentos de calidad sin suelos de calidad", no se cansa de decir la catedrática.

Pero, todo lo que tiene que ver con lo sostenible y lo ecológico, presenta muchos vértices a los que atender. "Con la agricultura ecológica la producción puede ser entre un 25% y un 50% menor que con la convencional. Y todo dependerá del estiércol vegetal. Cuántas vacas se necesitan para abonar eso. Y cuántas hectáreas para dar de comer a esas vacas", plantea Carlos Vicente. Y recuerda lo que para él son las tres patas de una producción local y sostenible: que sea comercial, no sólo de subsistencia; que proporcione dinero, por tanto, maquinaria, tecnología y bienestar social; y que utilice la menor superficie posible para la mayor recolección. "No podemos meternos en la selva".

Pero se van a meter si siguen ese modelo de producción "especulador y exportador", responde Juan Felipe Carrasco, portavoz de Agricultura de Greenpeace en España. A cambio, propone un sistema productivo de "paz y justicia" que, traducido a términos agrícolas, propugna una reducción del petróleo, tanto para el transporte como en combustible para maquinaria, y un cuidado de los suelos que los "mantenga vivos, por tanto, absorbiendo carbono, para contribuir a frenar el cambio climático". "Cerca de un 33% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene del modelo agrícola convencional, aunque en estos datos está incluida la deforestación para obtener más suelo", reconoce Carrasco.

Greenpeace quiere desmontar la idea extendida de que la agricultura ecológica es menos productiva: "Eso hay que medirlo por unidad de energía consumida, y, visto así, la agricultura convencional no produce más". También abogan por cambiar el modo de consumir occidental que, dicen, está arrasando la economía de los países más pobres: "Argentina se muere de hambre para que nosotros comamos el pollo más barato. Comemos demasiada carne, y la importamos de países que gastan 10 kilos de cereal por cada kilo de carne, cereal que necesitan para comer", afirma.

En la otra orilla, Monsanto esgrime los datos de la FAO, que sostiene que la producción agrícola debe incrementarse un 70% par cubrir el aumento de población en 2050. Unos 1.000 millones de toneladas de cereal y 200, de carne.

Greenpeace contraataca: "Existe alimento suficiente para 10.000 millones de personas si se cambia el modelo de consumo. No podemos seguir comiendo tanta carne, leche y huevos. Producir más es destruir más selva", explica Juan Felipe Carrasco.

Para seguir este patrón de consumo, occidente debería, quizá, olvidarse de comer tomates de enero a diciembre y volver a una alimentación de temporada. "¿Por qué vamos a perder la posibilidad de comer pepinos todo el año? Nuestra alimentación no estará tan mal cuando somos los más longevos del mundo", dice Carlos Vicente, de Monsanto.

Es cierto, pero la mitad del año, los tomates no saben a nada.

Fuente: El País.

Reviviendo el arte perdido de dar nombre al mundo.

Una primavera, cuando fui estudiante me hubiera gustado ir cada lunes a las entrañas de la construcción de la entomología. Allí me reuniría con el profesor Jack Franclemont, siempre con su pequeño perro, para que me guiara en el ordenamiento y denominación de la vida, la ciencia de la Taxonomía.

Profesor Franclemont, un famoso especialista en polillas, era de la vieja escuela, vestido con chaqueta y corbata por el día para dar sus conferencias, a pesar de que yo era el único miembro de su audiencia. Nunca se acuerda de mi nombre, a veces me llama Señorita o Miss Loon Voon. Después de la charla, me hubiese gustado identificar las polillas utilizando una guía escrita en 1923, en silencio o escuchando historias de la última payasada de su perro. Disfruté el placer de la meditación de esas horas, a pesar de que como era el único (y terriblemente incompetente) estudiante del envejecido de maestro, no pude evitar sentir que la taxonomía podría morir, que, de hecho, es así.

A pesar de la esfera de la modernidad ahora flagrante, con los profesionales utilizando las secuencias de ADN, la teoría evolucionista y sofisticadas supercomputadoras para todos el orden y nombre de la vida, puestos de trabajo para los taxónomos siguen en constante disminución. La colecciones de historia natural fundamental para el trabajo encerrado o echados.

Fuera de la taxonomía, nadie se levanta en armas sobre este asunto, pero quizás alguien debería hacerlo, porque el orden y denominación de la vida no es una ciencia esotérica. Las últimas décadas han aparecido una corriente de estudios que muestran que la clasificación y de nomenclatura del mundo natural es universal, profunda y fundamental a la actividad humana, es algo que no podemos permitirnos el lujo de perder, porque es esencial para comprender el mundo vivo, y nuestro lugar en el mismo.

Los antropólogos fueron los primeros en reconocer que la taxonomía puede ser más que una ciencia fundada oficialmente por Carl Linnaeus, el botánico sueco, en el 1700. Estudiando cómo los no científicos dieron orden y nombre a la vida, lo que se llama la creación de las taxonomías populares, fue cuando los antropólogos comenzaron a darse cuenta de que cuando la gente en todo el mundo ordenó con la creación de grupos y dando nombres a lo vivido en torno a ellos, habían seguido una pautas estereotipadas, y que aparecieron inconscientemente una serie de normas no escritas a seguir. Los antropólogos en principio se mostraron muy sorprendidos por la amplia variedad de normas de taxonomía popular que habían encontrado. Los Ilongots, por ejemplo, habitantes de un de pueblo de Filipinas, dieron el nombre a magníficas orquídeas silvestres de partes del cuerpo humano. Así allí florecen los muslos, la uñas, los pulgares y codos. Los Rofaifo habitantes de un pueblo de Nueva Guinea, son excelentes historiadores naturalistas, clasificaron el casuario, un ave gigante con plumas y pico, como un mamífero. De hecho, parece, a primera vista, que hay muy poco margen para el acuerdo. Más recientemente, sin embargo, las profundas similitudes han comenzado a ponerse de manifiesto.

Cecil Brown, un antropólogo en la Northern Illinois University que ha estudiado las taxonomías populares en 188 idiomas, ha encontrado que las personas reconocen lo mismo en repetidas ocasiones dentro de cada categoría, incluidos los peces, aves, serpientes, mamíferos, "wugs" (es decir, gusanos e insectos, o lo que podríamos llamar escalofriante-crawlies), árboles, lianas, hierbas y arbustos. Los engloban en grupos mas o menos similares, aún siendo clasificaciones de pueblos muy lejanos.

La conclusión de Dr. Brown's sería mucho menos interesante si estas categorías fueran claras representaciones de la realidad que debieran ser claramente reconcidas. Árboles y arbustos podrían ser clasificados como del mismo grupo, y no lo son, pero sin métodos apropiados no hay manera de definir un árbol frente a un arbusto.

Asimismo, las personas que constantemente utilizan dos palabras epítetos para designar organismos específicos dentro de un grupo más amplio de organismos, a pesar de la existencia de una infinitud de posibles método, este es el más lógico. Es tan familiar que es difícil de notar. En Inglés, entre los robles, distinguimos el arce del roble, entre los osos, los osos grizzly. Cuando los indios mayas, familiarizados con la naturaleza tenían una criatura similar a los cerdos conocida como pecaríes, que al ser encontrados por los españoles los llamaron cerdos, los apodaron "aldea de los pecaríes." Usamos nombres de dos partes hasta para nosotros mismos: Sally Smith o Li Wen. Incluso los científicos están obligados a esta práctica, insistiendo en que se usa latín en los binomios para las especies.

Fuente: The New York Times (Traducción libre).