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sábado, 14 de mayo de 2011

Los altos niveles de Testosterona pueden perjudicar gravemente el Corazón.


Según pone de manifiesto un estudio realizado por científicos del Boston University School of Medicine y del Boston Medical Center, publicado en The New England Journal of Medicine, los altos niveles de testosterona pueden aumentar notablemente el riesgo de padecer eventos cardiovasculares adversos.

La testosterona resulta un tratamiento habitual para hombres de edad avanzada que presentan una movilidad reducida, aunque el uso de esta hormona está empleándose indebidamente en los últimos tiempos por deportistas que pretenden lograr un incremento de su masa muscular de manera acelerada.

En el trabajo, se analizó durante nueve meses a 209 hombres mayores de 65 años que padecían problemas de movilidad. Para superar estas dificultades, se administró testosterona a 106 de ellos; otros 103 fueron tratados con un placebo. Tras el tiempo de estudio, se concluyó que el 22% de los hombres a los que se les había medicado con testosterona presentaba uno o más eventos cardiovasculares adversos, frente a menos de un 5% de los miembros del grupo tratado con placebos, a pesar de lograr mejorar su capacidad física en piernas y pecho.

La divergencia entre los grupos en la incidencia de eventos adversos cardiovasculares se mantuvo durante el período de intervención de seis meses y no disminuyó durante la fase de observación de tres meses que siguieron al período de intervención.

El trabajo abre un debate sobre si las mediciones de testosterona en un futuro serán útiles para valorar las posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares, de modo que se consideren las dosis altas de esta hormona (574 ± 403 nanogramos por decilitro) como un nuevo factor de riesgo cardiovascular.

La testosterona en el mundo del deporte

Desafortunadamente, en los últimos años, el uso de la testosterona como método de dopaje en el ámbito deportivo está siendo cada vez más habitual. Con las inyecciones de testosterona y otros derivados, la masa muscular aumenta de manera vertiginosa, pero deben considerarse seriamente los efectos secundarios que ésta conlleva.

La administración de testosterona en los deportistas engrosa el músculo cardiaco de manera artificial. Si este aumento del volumen fuera producido por el ejercicio físico continuado, la perfusión (cantidad de sangre que llega al miocardio) se incrementaría de manera paralela. Al no ser así, esta relación pierde su proporcionalidad, haciendo que el miocito presente un déficit en el riego sanguíneo y una consecuente disminución del aporte de oxígeno, favoreciendo la aparición de isquemia. Este sufrimiento celular puede ser suficientemente intenso como para causar la muerte celular y del tejido al que pertenece (necrosis). Este mecanismo puede estar potenciado por la asociación con otros efectos de la testosterona como son la hipertensión, la dislipemia o el efecto procoagulante.

"Con el tiempo, si se deja de administrar testosterona, puede reducirse la hipertrofia en el miocito, pero apenas disminuye la fibrosis", comenta la Dra. Araceli Boraíta, miembro de la SEC, cardióloga deportiva y miembro del Consejo Superior de Deportes (CSD), "además de la hipertrofia miocárdica, el exceso de testosterona también produce rigidez del músculo cardiaco y disfunción diastólica ventricular, al mismo tiempo que favorece la hipertensión arterial", apunta la especialista.

La hipertensión es un problema frecuente entre los deportistas que se administran testosterona, favorecida por la retención de líquidos. Un deportista debe mantener su presión dentro de rangos normales. Si no es así, debe consultar a su médico de manera inmediata.

"La mejor solución es conseguir una masa muscular natural a base de ejercicio practicado de manera regular, sin intentar encontrar falsos atajos que pueden ser muy perjudiciales para nuestra salud y la de nuestro corazón" concluye la Dra. Boraíta.

Fuente: Sociedad Española de Cardiología.

miércoles, 11 de mayo de 2011

El profesor de la UCO Manuel Tena Sempere recibe el premio de la Sociedad Europea de Endocrinología



El catedrático de la Universidad de Córdoba Manuel Tena Sempere ha recibido esta semana el premio “European Journal of Endocrinology Prize (EJE)”, con el que la Sociedad Europea de Endocrinología reconocer anualmente el trabajo y la trayectoria de los científicos menores de 45 años especializados en endocrinología.

El galardón ha sido otorgado en años anteriores a quienes en la actualidad son los endocrinólogos más influyentes a nivel internacional. Por eso, Tena Sempere lo ha recibido, según sus palabras, con “una satisfacción y una considerable responsabilidad. Satisfacción por lo que implica de reconocimiento de la labor continuada de todo nuestro equipo, en el que trabajamos muchas personas, desde investigadores senior hasta estudiantes de doctorado y técnicos, que han contribuido todos decisivamente a la consecución de este premio. Por otra parte, es una gran responsabilidad engrosar un listado de colegas de tanto prestigio como los ganadores de este premio; espero estar a la altura”.

A pesar de ello, el catedrático de la UCO asegura que para los investigadores “los premios no son el motor de nuestro trabajo; yo diría que tampoco lo es el salario, que en muchas partes de la carrera investigadora es escaso e incierto. Nuestra profesión tiene un alto componente vocacional, y en ella son especialmente importantes las evaluaciones y valoraciones recibidas de nuestros colegas. En este sentido, recibir un premio europeo como este supone un reconocimiento por parte de los propios compañeros, un cierto aval a la trayectoria recorrida y un aliciente para seguir haciendo las cosas con mayor dedicación aún”.
Actualmente, el equipo de investigación que dirige Tena Sempere trabaja en diversos proyectos encaminados a la caracterización de los mecanismos básicos de control de la pubertad y el sistema reproductor, con especial atención a su modulación por factores metabólicos y el peso corporal.

Fuente: Universidad de Córdoba (Spain).

miércoles, 19 de enero de 2011

Las raíces de la inteligencia de las plantas (Redes 79)






Las plantas no tienen cerebro, las plantas no tienen ni una sola neurona… pero ahora sabemos que las plantas perciben lo que sucede a su alrededor, se defienden contra sus depredadores, engañan a sus presas, e incluso se comunican entre ellas. ¿Cómo lo hacen? ¿Tienen sentidos como nosotros? ¿Hablan entre ellas?

Esta semana en Redes, el botánico Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional di Neurobiología Vegetal, en la Universidad de Florencia, nos descubre los secretos y el poder de lo que es en realidad el 98% de la biomasa de nuestro planeta.

Desde Un mundo de ciencia ya nos hicimos eco de los trabajos de Stefano Mancuso en una anterior ocasión. Ahora Eduard Punset habla con este botánico para de forma mas pausada aclararnos algunos conceptos nuevos sobre las plantas, nuestras compañeras en este planeta Tierra.

Fuente: Redes para la Ciencia.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Deporte para un cerebro mas sano.





Médicos, investigadores, medios de comunicación… en boca de todos se oyen los beneficios del deporte y el ejercicio regular para conservar el cuerpo en forma, prevenir enfermedades cardiovasculares y sentirse mejor anímicamente. Lo que no suelen añadir es que el ejercicio es también un escudo de protección de nuestro cerebro y un estimulador del aprendizaje y la memoria. Así lo han demostrado neurocientíficos como Fernando Gómez-Pinilla, que nos contará hoy en Redes cómo se benefician nuestras neuronas de la actividad de los músculos.

Fuente: Redes para la Ciencia.

martes, 23 de noviembre de 2010

Heribert Watzke: El cerebro intestinal





¿Sabía que hay neuronas en los intestinos? Unos cien millones de neuronas. El científico en alimentos Heribert Watzke nos habla sobre el "cerebro oculto" en nuestro intestino y las cosas sorprendentes que nos hace sentir.



Heribert Watzke estudia nuestro cerebro y nuestro intestino y trabaja desarrollando nuevos tipos de alimentos que satisfagan nuestro cuerpo y nuestra mente. Actualmente desarrolla su trabajo en el departamento de I+D de la compañía Nestlé.

miércoles, 28 de julio de 2010

Avoiding ribosome traffic Jams








Optimization of protein synthesis for efficiency is thought to be highly important for evolutionary fitness. Watch and listen as Yitzhak Pilpel and Tamir Tuller take you on a brief, personalized tour of their findings that mRNA codons are distributed along the length of the message in a manner that modulates ribosome speed during translation. The ribosome "traffic pattern" generated by conserved codon distribution might minimize cellular energy expenditure.

Fuente: Cell Press, Cell Abstracts

sábado, 24 de julio de 2010

Evolución - La forma (y 5)



Los organismos vivos han librado una batalla por la supervivencia que ha durado cientos de millones de años. El resultado es que muchas especies han evolucionado cambiando su forma. Desde el tiburón martillo hasta el ornitorrinco, nuevas formas pueden significar mayor posibilidad de supervivencia.

Desde que la tierra comenzó a hospedar vida, casi el 99% de todas las especies han desaparecido. Esta nueva serie de History examina las similitudes de las especies actuales y sus diferencias con las extinguidas.

Nuestro cerebro se beneficia del ejercicio físico

Nos ha costado años aceptar que debíamos cuidar el cuerpo. Quiero decir que ahora estamos casi todos convencidos de que la salud requiere que practiquemos ejercicio físico. “En realidad, ¿sabes lo que te digo? –me dijo un gran nutricionista de la Universidad de Boston hace unos diez años–, lo único que sabemos con seguridad es que un poco de ejercicio diario es buenísimo para la salud”.
En honor a la verdad debo decir que está calando en la mente popular una segunda premisa que la ciencia ha podido comprobar también en los laboratorios: la salud física requiere cuidar la dieta. Afortunadamente, hoy es una convicción generalizada que no se puede andar por la vida despreocupándose de la dieta. La condición física adecuada requiere las dos cosas: hacer ejercicio físico y mantener una dieta equilibrada.
No me extraña en absoluto que cuando ahora, casi de repente, les digo a mis amigos y conocidos que “está muy bien velar por la salud física, pero que deben dotarse del tiempo y los instrumentos necesarios para velar por la salud mental”, me miren, asombrados, preguntándose si he perdido la razón. ¿Cómo se mide la salud mental? Y, sobre todo, ¿cómo se practica?



Pues bien, tanto si les gusta como si no les gusta a mis lectores, les puedo vaticinar sin temor a equivocarme que dentro de muy pocos años dispondrán de más utensilios para medir la capacidad cognitiva o la memoria que hay ahora para la actividad física, como las pesas con las que ejercitamos los músculos: consolas para medir la flexibilidad volitiva, programas especiales de ordenador para estimular la salud mental, artefactos automatizados para identificar los colores con precisión y claves para resolver el diseño de representaciones de escenarios repletos de personajes; es decir, formas de comprobar las componentes básicas de la inteligencia.
Es fascinante la cantidad de dogmas inservibles que hemos heredado. Hasta ayer mismo se fruncía el ceño frente a los tipos bien musculados y dotados para hacer deporte. Movimientos literarios como el existencialismo nos habían vendido la idea de que para ser innovador o creativo en literatura había que sufrir y encajar como mínimo una cierta tristeza, cuando no la desesperación rayana en el suicidio. La ciencia está demostrando que esta idea es falsa. Doblemente falsa.
En primer lugar, hemos podido demostrar en los laboratorios que por término medio la salud física va pareja con la salud mental. El cerebrito de las ratas –de unos gramos apenas– se beneficia de la actividad física del resto del cuerpo. La ratita que ejercita su cuerpo con una simple rueda giratoria durante un par de horas diarias tiene mejor memoria y envejece más lentamente que la sedentaria.
En segundo lugar, ya casi nadie cuestiona la transferencia de una mejora determinada, como los ejercicios de memoria, al resto de las actividades. En otras palabras, habíamos considerado –porque no se había podido demostrar lo contrario– que la mejora de la memoria estimulada por la solución de crucigramas, por ejemplo, no afectaba para nada a las demás actividades mentales del organismo humano; podíamos conseguir mejor memoria o mayor capacidad cognitiva, pero sin que esta mejora se transfiriera al resto de la mente. Pues resulta que tampoco es verdad. Empezamos a tener pruebas de que podremos transferir lo ganado en un aspecto de la salud mental al resto de las actividades, como la gestión de los instintos o el grado de altruismo.
Por favor, no frunzan el ceño y alégrense conmigo de que, por primera vez en la historia de la evolución, sepamos ocuparnos del sosiego de la tercera edad, de lidiar con las tormentas hormonales de la juventud o de nuestras mentes desmemoriadas.

Fuente: Eduard Punset Blog.

jueves, 22 de julio de 2010

Evolución - La forma (4).



Los organismos vivos han librado una batalla por la supervivencia que ha durado cientos de millones de años. El resultado es que muchas especies han evolucionado cambiando su forma. Desde el tiburón martillo hasta el ornitorrinco, nuevas formas pueden significar mayor posibilidad de supervivencia.

Desde que la tierra comenzó a hospedar vida, casi el 99% de todas las especies han desaparecido. Esta nueva serie de History examina las similitudes de las especies actuales y sus diferencias con las extinguidas.

Marmots fatten up on climate change




Rodent population boom linked to bigger bellies and longer summers.


In the Upper East River Valley of Colorado's Rocky Mountains, yellow-bellied marmots (Marmota flaviventis) are thriving thanks to climate change. The rodents' startling population boom — their numbers have tripled in ten years — has now been linked to the increasing size of their bellies, which is probably caused by climate-driven changes in hibernation patterns.

Arpat Ozgul, an ecologist from Imperial College London, and his colleagues examined 33 years' worth of detailed records to track how the gluttonous rodents were gradually getting heavier. The results, published in Nature today1, show that the marmots grew from an average of about 3.1 kilograms in the first half of the study, to 3.4 kilograms in the second half.

The causes of this weight gain are not entirely clear, but the team's data showed that it was not because heavier marmots bred more and passed on their tendency to be large to their offspring. Instead, all marmots got heavier — an effect assumed to be the result of more warm days each year caused by climate change, which gave the marmots longer to grow. "There's a general consensus that the summers have been getting longer in the area," says Ozgul. Previous work has shown that, with rising temperatures, marmots emerge earlier from hibernation and give birth earlier in the growing season2.

Ozgul sought to link this extra weight to a general population growth observed among marmots at a private research station in Colorado from 2000 onwards. "The link between a phenotypic trait [such as body mass] and a population dynamic is critical if you want to understand the effect of climate change on population," explains Stephanie Jenouvrier, a population biologist at the Chizé Centre for Biological Studies in France.

Using a population model previously tested only on plants3, Ozgul's team evaluated the impact on the overall size of the population of factors such as an individual marmot's body mass, growth rate and chance of reproducing. They concluded that improved survival among older marmots during the winter had the biggest effect, and that this hardiness was partially driven by greater body size.

Sudden spurt

The model does not explain why a gradual change in body mass should translate into a sudden population spurt, rather than the two rising together. "We're assuming the marmots crossed a threshold," Ozgul says. "Next we have to look in more detail at the lagged effects of environmental factors and population density." Such environmental factors include snow cover, the length of the growing season, temperature and humidity.

"I would like to see a plot of temperature at that site over this whole period," says hibernation researcher Roelof Hut of the University of Groningen in the Netherlands. He adds that the present study links the observed change in body mass to the population boom but does not try to establish why the marmots are getting fatter in the first place. The marmots may, for example, have changed what they eat, not just the length of time in which they eat, writes Marcel Visser, an ecologist at the Netherlands Institute of Ecology in Heteren, in a News & Views article that accompanies the study in today's Nature4. The population of one of the marmot's foods, tall bluebell flowers, began to decline in 2000, just before the marmot population surged; this might have altered the marmots' diet, leading them towards fattier foods.

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Still, the ability to take weight gain and other individual responses to environmental change and link them with group-level population change will be important for predicting the effects of climate change on other populations, says Visser. Ozgul and his colleagues have previously found that environmental shifts are linked to size changes in sheep in the Scottish archipelago of St Kilda, where individuals from each generation were smaller than their predecessors5.

The marmots may not enjoy a permanent population boom. Ozgul says that his team is on the lookout for longer-term effects, such as drought-induced food shortages or predation by coyotes and foxes, which might check the population. "Most ecological studies last 2–3 years, the fieldwork of a graduate student, but these animals live 14 years. If you were to study the effect of climate change [a typical, short-term study] would tell us nothing," he says.

Fuente: Nature Magazine.

miércoles, 14 de julio de 2010

Evolución - La forma (3).



Los organismos vivos han librado una batalla por la supervivencia que ha durado cientos de millones de años. El resultado es que muchas especies han evolucionado cambiando su forma. Desde el tiburón martillo hasta el ornitorrinco, nuevas formas pueden significar mayor posibilidad de supervivencia.

Desde que la tierra comenzó a hospedar vida, casi el 99% de todas las especies han desaparecido. Esta nueva serie de History examina las similitudes de las especies actuales y sus diferencias con las extinguidas.

sábado, 10 de julio de 2010

Evolución - La forma (2)



Los organismos vivos han librado una batalla por la supervivencia que ha durado cientos de millones de años. El resultado es que muchas especies han evolucionado cambiando su forma. Desde el tiburón martillo hasta el ornitorrinco, nuevas formas pueden significar mayor posibilidad de supervivencia.

Desde que la tierra comenzó a hospedar vida, casi el 99% de todas las especies han desaparecido. Esta nueva serie de History examina las similitudes de las especies actuales y sus diferencias con las extinguidas.

Genes de la longevidad



Identificación de 150 marcadores que distinguen a los centenarios


La gran mayoría de las personas centenarias tiene un grupo de características genéticas comunes y distintas de las demás personas, han encontrado científicos italianos y estadounidenses. Este descubrimiento indica la posibilidad de que cada individuo pueda en el futuro saber si posee la capacidad genética potencial para vivir muchos años, aunque el estilo de vida y el ambiente sean factores muy importantes también.

Paola Sebastiani, del Departamento de Bioestadística en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston , y sus colegas estudiaron los genomas de 1.055 personas con edades de 100 o más años, y 1.267 personas en un grupo de control, e identificaron 150 marcadores genéticos que son diferentes entre el 90% de los centenarios y los otros individuos elegidos al azar.

"Se cree que una vejez saludable refleja la influencia combinada de factores ambientales, incluidas las elecciones sobre el estilo de vida, y factores genéticos", señala el artículo publicado en Science. Entre los componentes del estilo de vida identificados por estos autores se incluyen la dieta, el ejercicio y el consumo de productos de tabaco. "La importancia de los factores ambientales en la supervivencia hasta una edad avanzada la ilustra el hecho de que la expectativa de vida promedio es de 88 años entre los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día", explicó Sebastiani. "Estas personas por exigencias de su religión tienen una conducta beneficiosa para su salud, que lleva a un envejecimiento saludable".

De todos modos otros datos, incluida la observación común de que la longevidad extraordinaria se presenta en familias, apuntan a factores genéticos en un envejecimiento saludable y, especialmente, en la prolongación de la vida entre 10 y 30 años más allá de los 80. Son muchos los genes que están involucrados en una vida larga, por lo cual los autores han desarrollado un modelo que computa la probabilidad de que una persona alcance una longevidad extraordinaria sobre la base de 150 marcadores genéticos. Mediante este modelo los investigadores pudieron pronosticar, con un 77% de acierto, si una persona podría vivir hasta los 100 años de edad, pero reconocen que todavía queda mucho por saber sobre la influencia de los genes en la longevidad individual.

Fuente: El País-

lunes, 28 de junio de 2010

Redes 65: La nueva cardiología.



El desarrollo tecnológico abre un nuevo escenario para seguir luchando contra las patologías del corazón, que pronto serán la mayor causa de muerte en todo el planeta. La revolución de la cardiología tardará unos años aún en mostrar sus éxitos, aunque ya podemos vislumbrar hacia dónde se dirige. Francisco Fernández-Avilés, investigador y cardiólogo del hospital Gregorio Marañón de Madrid, está desarrollando –en colaboración con la Universidad de Minnesota, EUA– un trabajo pionero en el mundo en lograr el primer corazón artificial hecho a partir de células madre del paciente. Fernández-Avilés explicará a Punset cómo se están dando los primeros pasos para construir un corazón bio-artificial.

lunes, 21 de junio de 2010

La revista Cell Metabolism dedica portada a una investigación sobre control de la obesidad



La FGF21, una hormona que reduce los niveles de glucosa, es también un activador del metabolismo del tejido adiposo marrón, según la investigación publicada en portada por la revista Cell Metabolism y dirigida por el profesor Francesc Villarroya del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular (Facultad de Biología), el Instituto de Biomedicina de la UB y el CIBER Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición.

El estudio, publicado por la revista de mayor impacto científico en el campo del metabolismo, se ha llevado a cabo con ratones neonatos y podría abrir nuevas dianas terapéuticas para luchar contra la obesidad mediante el factor de crecimiento de fibroblastos 21 (FGF21), un factor que libera el hígado en respuesta a los lípidos de la dieta. En el artículo, el equipo describe en primicia una nueva acción del FGF21 sobre el tejido adiposo marrón, el responsable del gasto energético y de la generación de calor en el organismo.

«El FGF21 es un agente antidiabético y antiobesidad descrito en bibliografía científica desde 2005», afirma Villarroya, experto en el estudio de modelos de regulación del metabolismo con ratones modificados genéticamente, que aclaraba también lo siguiente: «Nuestro trabajo revela, por primera vez, que el FGF21 provoca termogénesis en el tejido adiposo marrón, es decir, pérdida de calorías para liberar calor. Este proceso actúa como un gran disipador de energía. Y todo agente que promueva y active el metabolismo del tejido adiposo marrón es, por definición, un agente antiobesidad».

Descubrir el vínculo directo entre el FGF21 y el tejido adiposo marrón es una de las grandes contribuciones científicas del trabajo. «En estudios in vivo
—comenta Villarroya—, hemos visto que el factor activa la termogénesis en tejido adiposo marrón. Según el modelo estándar, sin embargo, este proceso lo regulaba el cerebro por una vía adrenérgica. No obstante, con nuevos estudios in vitro, comprobamos que la diana del FGF21 no era el cerebro, sino el tejido adiposo marrón. Si el FGF21 actúa de forma directa sobre el tejido adiposo marrón y es independiente del control adrenérgico, se nos abren nuevas vías para explorar mecanismos de control de la grasa corporal».

El trabajo publicado estudia la actividad biológica del EFG21 con un nuevo modelo biológico: los animales recién nacidos. En palabras de Villaroya: «Trabajar con modelos animales de neonatos es otro punto clave del trabajo. Sabemos que las alteraciones metabólicas en la etapa fetal y neonatal tienen un impacto en el metabolismo del adulto. En el caso de los ratones, durante la etapa fetal se alimentan de glucosa vía placenta. Después de nacer, el ratón se alimenta con la leche materna, muy rica en grasas, y por primera vez debe empezar a metabolizarlas. El ratón neonato es, por ello, un modelo animal excelente para estudiar pautas de adaptación a nuevas exigencias metabólicas».
Estudios recientes con técnicas de tomografía de emisión de positrones (PET) confirman la alta actividad metabólica del tejido adiposo marrón en adultos, un aspecto muy discutido por la comunidad científica hasta ahora. En la actualidad, los expertos de la UB trabajan en nuevos protocolos experimentales para profundizar en la relación del FGF21 y el metabolismo lipídico y el posible uso de estrategias farmacológicas o nutricionales para el control del sobrepeso.

Francesc Villaroya apuntaba lo siguiente: «Sabemos que el hígado produce este factor en respuesta a los ácidos grasos de la dieta, pero no todos los ácidos grasos producen la misma respuesta: son señales de diferente intensidad y la respuesta del hígado varía. ¿Podríamos modular estas señales con estrategias dietéticas? En resumen, esto significaría adaptar las dietas de forma que puedan inducir una mejor producción del FGF21 y así acelerar el metabolismo». En lo referente a estudios con humanos, uno de los mayores retos científicos del futuro será, según Villarroya, estudiar cómo funciona este sistema en pacientes obesos o diabéticos: «Curiosamente, todo indica que los pacientes obesos tienen más cantidad de FGF21, y eso nos demuestra que hay un problema de factores de resistencia. Esto habrá que investigarlo también».

Francesc Villarroya dirige en la UB el Grupo de Investigación de Genética y Biología Molecular de Proteínas Mitocondriales y Patologías Asociadas, y es miembro del CIBER Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn), creado en 2006 bajo la coordinación del Instituto de Salud Carlos III y dirigido por Felipe F. Casanueva.

Para más información:
Elayne Hondares, Meritxell Rosell, Frank J. Gonzales, Marta Giralt, Roser Iglesias, Francesc Villarroya. «Hepatic FGF21 Expression is Induced at Birth via PPAR in Response to Milk Intake and Contributes to Thermogenic Activation of Neonatal Brown Fat». Cell Metabolism.

Fuente: Universidad de Barcelona.