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sábado, 8 de agosto de 2009

Jugando con genes en el cuarto de estar.


¿Por qué no imaginar un mundo en el que los organismos se intercambien genes entre sí, como lo hacían los primeros habitantes de la Tierra, hace casi 4.000 millones de años? Eduard Punset aborda la biología sintética y la bioingeniería de la mano del premio Nobel Hamilton Smith, biólogo molecular y estrecho colaborador de Craig Venter, uno de los gurús de la era de los descubrimientos sobre el genoma.

El 24 de enero de 2008, Science publicó en su web un artículo que marcó una divisoria de aguas en el campo de la biología sintética: un equipo del Craig Venter Institut dirigido por Hamilton Smith había logrado fabricar el genoma completo de una bacteria hilvanando sus componentes químicos. Fue, según Craig Venter, el segundo paso de los tres necesario para crear vida sintética (el tercero es integrar ese genoma artificial en una bacteria y hacerlo funcionar).

Tal como dice Chris Voigt, un biólogo sintético de la University of California citado por la Wired, “en el Craig Venter Institut pronto podrán coger un archivo en un ordendar y, mediante química sintética, transformar esa información en vida“. Por esto, no es descabellado ver a científicos de primer nivel como el mismo Venter y otros imaginar un futuro no muy lejano en el que los niños estén jugando con genes en su carto de estar, editándolos en su ordenador tal como hoy editan imágenes en el Photoshop.

Obviamente, el entretenimiento de los niños del futuro no es el objetivo final de este desarrollo científico-tecnológico. La creación y diseño de vida artificial tendrá aplicaciones mucho más vastas según Hamilton Smith le explica a Punset en la entrevista: “fabricar productos farmacéuticos, o productos químicos orgánicos, o biocombustibles…”

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